Tuesday, November 14, 2006

N° 13 Azul - Krzysztof Kieslowski (Polonia)

Este jueves 16/10 en Casa Azul :

AZUL del director polaco, Krzysztof Kieslowski.

Sinopsis: En un accidente, Julie pierde a su marido, famoso compositor, y a su única hija. Tras el inicial abatimiento, intentará cortar con el pasado: trata de empezar de nuevo de otro modo y en otro lugar, pero le será difícil olvidar la vida que dejó atrás. Con notable generosidad atiende a las necesidades de sus criados y de su madre. Los acontecimientos le llevan a descubrir que va a nacer un hijo natural de su marido, y dispone todo como para el heredero... Y, contra su inicial deseo, continúa una inacabada partitura de su marido, infiel y mentiroso, quizá menos autor que ella de su música... se trata de un "Concierto para la unificación europea" cuya parte coral recoge el texto, en versión griega, del himno a la caridad de San Pablo (capítulo 13 de la 1ª carta a los Corintios), donde se afirma que el amor (la caridad) sobrevivirá al tiempo: "Si no tengo caridad, no soy nada (...) La caridad nunca acaba. Las profecías desaparecerán, las lenguas cesarán, la ciencia quedará anulada".

2 Comments:

Blogger Felipe Valdivieso Cox said...

www.dvd-reviews.net

En 1993 Krzysztof Kieslowski comienza su trilogía conocida como TRES COLORES con la filmación de la primera de ellas, AZUL. El año siguiente terminaría la trilogía con BLANCO, segunda de la saga, y con ROJO, que pone el fin a la misma. El nombre de cada una de las tres películas proviene de los colores de la bandera francesa, y hacen referencia a cada uno de los tres principios básicos de la revolución francesa, libertad (AZUL), igualdad (BLANCO) y fraternidad (ROJO).

A pesar de que todas las películas son independientes entre sí, y por lo tanto no repiten actores en ninguna de ellas (aparentemente), es magnífica la idea del director de mantener esa diferencia e individualidad de cada una de las tres historias, pero a su vez, intentar unir un poco a todos los personajes para conseguir algo más que tres películas separadas, es decir un único elemento que será la trilogía. De esa manera el director consigue los beneficios de tres películas independientes entre sí, pero a la vez no tiene que renunciar al efecto que se consigue manteniendo unos vínculos entre cada una de las películas, consiguiendo así que la trilogía conforme un ente lo más compacto posible teniendo en cuenta las limitaciones marcadas por la individualidad de cada una de las tres películas.

Comentaba antes que aparentemente no participaba ningún actor en todas las películas, evidentemente hay alguna excepción, porque sí aparecen aunque sea durante un par de segundos en cada película. Hay además ciertos personajes repetitivos en toda sellas, como la persona que intenta reciclar botellas pero que casi no llega a la recicladora por su elevada edad.

AZUL es probablemente junto con ROJO la mejor de las películas de la trilogía, no sólo por la perfecta dirección de Kieslowski, sino también por la irrepetible interpretación de Juliette Binoche. Sabéis esas películas en las que no te puedes imaginar que otra persona las interprete, las películas en las que ni siquiera te imaginas cómo podría haberlo hecho tal o cuál actriz, o las películas que cuando te las mencionan lo primero que te viene a la cabeza es la cara de la actriz en lugar de una escena o el argumento de la película, pues esta es una de ellas, no es posible encontrar a una actriz que hubiera podido interpretar este papel mejor de lo que loa hace Julitte Binoche. Pero ya hablaremos de las interpretaciones algo más adelante, de momento comentemos un poco por encima el argumento de la película por si hay alguien que no la recuerda.

La película comienza mostrándonos a una familia que tiene un accidente de tráfico en la que mueren tanto el marido de Juliette Binoche (un aclamado compositor) como su hija, sin embargo ella sale ilesa del accidente. Durante el resto de la película podemos sentir continuamente su dolor y desesperación. Vivía casi exclusivamente para su familia, de modo que haberlos perdido le deja un vacío que no puede o no quiere llenar. Tras llegar a la conclusión de que las ataduras de la vida sólo pueden hacerte sufrir, decide deshacerse de todo lo que tiene, tanto de todos los recuerdos materiales como de cualquier cosa que pueda recordarle a su familia, desapareciendo de la vida pública para siempre. Se suele decir que sólo el que no tiene nada es verdaderamente libre, y ella quiere utilizar ese principio para seguir viviendo con el menor sufrimiento posible.

Desde el punto de vista de la dirección hay varios detalles que nos dejan entrever la extraordinaria visión de un director que tiene muy claro lo que debe hacer, y como he dicho en muchas ocasiones, también tiene claro cómo hacerlo. Por ejemplo el tiempo narrativo, intenso en todo momento, pero a la vez dando una sensación de relajación por momentos, breves por el estado de la protagonista, pero desde luego muy efectivos en el desarrollo de la película, como por ejemplo las apariciones en la piscina. Otro punto muy interesante de la película es la reflexión que se hace sobre la soledad. Vemos como durante toda la película Juliette Binoche lucha por estar lo más sola posible, no necesitar al fin y al cabo a nadie, pero llega el momento en el que todos necesitamos a alguien y a ella le llega también ese momento cuando tiene problemas con los ratones en casa. En este punto me parece muy inteligente la secuencia de la piscina, una piscina que siempre ha estado vacía de gente cuando la hemos visto bañarse en repetidas ocasiones, pero sin embargo en el momento en el que pide ayuda, la piscina se llena inmediatamente de vida y de gente. Es como si la piscina simbolizase una parte de su interior en la que no ha querido dejar entrar a nadie, pero que en un momento dado se ve necesitada de abrir su interior. Ese simbolismo con el que Kieslowski utiliza sus apariciones en la piscina me parece sensacional.

La fotografía de AZUL está evidentemente muy mediatizada con el motivo de la película, y tiene una gran tendencia hacia las tonalidades azules. El trabajo dramático que se realiza con la fotografía es sensacional, hasta el punto de que los planos de ella en la piscina en un par de ocasiones son excepcionales. Un trabajo artesanal de primera. Yo no recuerdo ninguna otra película en la que el color azul se use con una efectividad dramática tal.

También es muy inteligente el doble uso que se hace en la película de la música, utilizándola no solamente como vehículo para contarnos la historia del compositor en la que obviamente su música es una parte esencial, sino que se utiliza también como un recurso narrativo de modo que la mayoría de las veces que escuchamos la música que se componía para la unificación europea, el director lo está utilizando para mostrarnos los momentos en los que el recuerdo a su familia se hace más patente para Juliette Binoche, de ese modo se consigue dar a entender al espectador lo que de otra manera habría que hacer de una manera mucho menos elegante, lo que es muy importante en la película porque casi no tiene diálogos. Entendemos todo lo que pasa a través de las reacciones de Juliette Binoche, con su expresividad, pero sin estridencias interpretativas innecesarias y sin utilizar en exceso recursos como pudieran ser los continuos flashbacks para recordar, por eso es tan importante la utilización argumental de la banda sonora.

Otros aspectos de la narración que me gustan mucho son los que hacen referencia al ahorro argumental. Durante el desarrollo de la película averiguamos que el verdadero talento musical no era otro que el de Juliette Binoche, pero ¿cómo nos encontramos sobre la pista?, pues muy fácil, una pregunta directa de una periodista nada más empezar la película, no es una película de intrigas innecesarias, pero ¿para qué nos dicen entonces que ella era la que tenía el talento y estaba a la sombra de su marido?, pues fácil, porque de esa manera construye perfectamente el carácter de Juliette Binoche, una mujer que sacrifica todo por su familia y que ese es su único interés, ni la vanidad ni la notoriedad, era feliz con su familia y lo sacrificaba todo por ellos.

Como he dicho antes, la interpretación de Juliette Binoche es verdaderamente irrepetible, no tiene lagunas en ningún momento, lo transmite absolutamente todo con su mirada, con una expresividad magnífica. Es muy difícil hablar del resto del reparto porque los eclipsa a todos hasta el punto de que sus interpretaciones y sus historias no nos llegan a importar mucho, pero aún así ninguno desentona en absoluto, y tanto Benoît Régent como Florence Pernel están especialmente bien, pero como he dicho antes, Juliette Binoche los eclipsa a todos.

Yo creo que Kieslowski es consciente de la fortaleza del personaje que interpreta Juliette Binoche respecto al del resto de los actores, y por eso al final de la película hace una especie de homenaje al resto de interpretes al incluir unos planos de cada uno de ellos para que podamos ver cómo se han ido desarrollando sus vidas.

La banda sonora evidentemente debe estar a la altura de una película que le otorga un papel tan importante, y no defrauda en absoluto, una banda sonora sensacional que ayuda a mostrar con una gran fuerza todo lo que el director necesita plasmar a través de la música.

La película es en resumidas cuentas una obra de arte sensacional que no debe dejar de estar en una videoteca que se precie.

3:52 PM  
Blogger Felipe Valdivieso Cox said...

Libertad para amar , por Vicente Huerta.

Tratemos de analizar el concepto de libertad que nos propone Azul con sus aciertos y también sus carencias. Julie ha perdido a sus seres más queridos, y esa pérdida la sitúa en un estado de hipotética libertad. Pero poco a poco descubre que es una libertad sin sentido a la vez que irá descubriendo la importancia del amor. En realidad es el amor lo que da sentido a cada vida personal. Tocamos aquí el nervio filosófico de la cuestión: el hombre por esencia es un ser necesitado de sentido. El problema de la libertad es, en Kieslowski el problema de una libertad sin sentido.

Una vez conseguida esa “libertad”, la protagonista se percata de que una libertad sin amor no es nada, como dice el himno a la caridad de San Pablo (1 Cor 13), cantado al final de la película. Pero no esperemos de Kieslowski un discurso cerrado, con unas conclusiones acabadas. Su obra pretende más bien proponer interrogantes al espectador, o compartirlos, más que dar soluciones: “Lo que verdaderamente me interesa – llega a afirmar – es crear un contacto con el espectador, con cada espectador singular, un contacto por medio del cual cada individuo sienta que sus propias dudas, sus propios miedos, sus propios interrogantes son compartidos”. Parece que existe una contradicción entre la libertad y el amor, pero quizá seamos nosotros, los espectadores, quienes hemos de resolverla.

Aparece claro en el film que el amor es necesario para poder vivir, pero ese amor es consecuencia de la libertad. Digamos que hay una “libertad primera” que nos lleva a elegir y una “libertad segunda” que nos lleva a comprometernos con lo elegido, es decir, a amar lo elegido. Azul nos muestra claramente que es imposible vivir sin compromisos. Julie lo intenta y fracasa, pretende romper con todo (intento de suicidio, recuerdos de su marido, etc.) pero siempre queda algo (la música que componía con su marido viene a su memoria una otra vez, en un magistral recurso de Kieslowski). Es imposible vivir sin que nada importe, al final siempre nos quedamos con algo. En el caso de la protagonista está esa lámpara azul de la que no quiere desprenderse... y la música, que no la abandona, por más que ella quiera deshacerse de las partituras.

Por otro lado, está claro que son actos libres los que le permitirán ir reconstruyendo su vida. Consciente de que no puede liberarse plenamente del pasado (“libertad de”), va tomando, casi sin darse cuenta, decisiones (“libertad para”) que le permiten establecer encuentros y compromisos amorosos con el pasado y con nuevas relaciones: relación con Olivier, que siempre estuvo enamorado de ella, con la amante de su marido, que espera un hijo del compositor fallecido, etc.

Itinerario espiritual

En Azul domina la perspectiva psicológica. Kieslowski nos introduce en el mundo interior de los personajes, no le interesa tanto la libertad exterior o política (lo que me es permitido hacer) como la interna, esa que emana del núcleo personal irreductible. En este sentido acompañamos a Julie en su peculiar viaje interior desde ese estado oscuro y angustioso en el que se encuentra tras el accidente hasta encontrar el camino que le conduce a la plenitud y al amor. Es, sin duda un itinerario doloroso, un calvario que Julie recorre doliente y desconcertada al principio, confiada y segura después. Poco a poco va superando temores y angustias a la vez que su carácter se va fortaleciendo, asumiendo el reto de una nueva vida, que será creativa y fecunda en la medida en que asume también su pasado.

Pero, sobre todo, lo que vemos es la valentía y la generosidad de una mujer que es capaz de rectificar. Vemos un ascenso desde los infiernos para aprender el verdadero significado de la libertad. Libremente –con una libertad superior y creativa– perdona a la amante de su marido y se muestra espléndidamente generosa con ella. Libremente asume la tarea de terminar el inacabado “Concierto para la unificación europea”. Libremente, aunque de un modo tan natural que parece lo más normal, como si no pudiera actuar de otra manera. Misteriosa “solidaridad” la que liga libertad y necesidad: “¡no puedo hacer otra cosa!” es a la vez el lamento del esclavo y el gozoso postulado del amante.

Esto nos conduce inevitablemente a preguntarnos por el concepto de libertad que triunfa en Europa. La “idea europea de libertad” como diría Hegel es una libertad entendida fundamentalmente como autonomía. Pero la autonomía, en las personas, puede entenderse en clave de independencia o en clave de autoposesión, en un sentido negativo (“libertad de”) o en un sentido positivo: “libertad para” coger las riendas de mi vida y conducirla hacia algo que valga la pena. Sería de desear que todos sepamos trascender la primera fase de la libertad, como hace la protagonista de este film, y miremos más allá de la libertad misma: hacia lo que esa libertad apunta.

La libertad interesa porque hay algo más allá de la libertad misma que la supera y marca su sentido: el bien, todo aquello que, por ser bueno, merece la pena que nos comprometamos. Así, entendemos que la libertad de una persona se mide por la calidad de sus vínculos: es más libre quien dispone de sí mismo de una manera más intensa. Quien no se siente tan dueño de sí mismo como para decidir darse del todo porque le da la gana, en el fondo no es muy libre: está encadenado a lo pasajero, a lo trivial, al instante presente. Libertad y compromiso no se oponen, sino que se potencian.

3:53 PM  

Post a Comment

<< Home